
Y si. Es así. No me van a negar que en todas las familias no hay un tío o una tía solterona. Piensen un poco. Verán que siempre hay uno al menos. En mi caso tengo uno por generación. Un hermano de mamá, una tía de papá, un tío abuelo, en fin. Tengo para repartir. Y para no quedar fuera de la tradición familiar, en esta generación, la que incluye a mi hermano y a mí, la moneda cayó de mi lado. Hoy puedo decir con seguridad, luego de todo lo que he pasado y habiendo hecho el análisis familiar cual árbol genealógico de la soltería, que la tía solterona soy yo. Sí, yo. A los 31 años, a punto de cumplir 32, digo con todo orgullo y ya superado el dolor. SOY SOLTERONAAAAA.
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