
Sola. Siempre sola.Sola porque no tengo pareja. Sola porque mis amigas están casadas. Sola porque mis "amigos" me prefieren entre cuatro paredes (parece que ahí soy más divertida que tomando un café en un bar). Sola, si sola porque soy SOLTERONA...
Hoy mi sobrina cumplió su primer día de vida y por supuesto, al mediodía me fui de mi trabajo para pasar la tarde con ella, su flamante padre (mi hermano) y su señora (mi amiga). Imagino que la experiencia de ser padres debe ser maravillosa, porque si siendo tan solo la tía siento esta emoción, ellos deben estar en las nubes. La tarde transcurrió tranquila. Hablamos casi en susurros. La gorda lloró, tomó teta, se durmió y nosotros comenzamos el mate sin variar el tono de voz. Tan tranquilo estaba todo que hasta había olvidado mi presagiado destino. Derepente se abre la puerta y una pareja con aspecto de incontenible felicidad entra en la habitación. Era el hermano de la estrenada mamá y su señora, quienes ajenos a todo lo que pasaba por mi cabeza, se acercaban a conocer a la beba. Si...por supuesto. Era una pareja joven. El tiene tan solo un año más que yo. Ella divina, no sé su edad, pero es preciosa. Alta, rubia, delgada. Modelo perfecta para lucir el vestido blanco con el que todas soñamos, aunque lo neguemos firmemente. En pocos meses más formalizarán su unión, ya hecha ante la ley, ahora frente al altar...
En fin, mi tarde de visita al sanatorio concluyó con un "el fin de semana los voy a visitar" (claro, qué otra cosa hacer no?. Sola y sin programa. Solo queda malcriar a la recién llegada). Decía...yo me despedía con esa frase y me despedían con otra..."bueno, vos producite bien, arreglate, hacete unos claritos y yo te presento a mi amigo". Plaff. Cachetada de revés. No solo se atrevía "ese", el cuñado de mi hermano, ese que está a punto de jurar respeto ante Dios, a insinuar que necesito que me presenten a alguien, síno que además me decía que debía mejorar mi aspecto. Aunque me reí, amagué a pegarle, me hice la ofendida, su postura no cambió. Sigue sosteniendo que para que su amigo se fije en mí tengo que arreglarme. Salí del sanatorio, tomé el subte, me bajé a un par de cuadras de casa, entré a un McDonald's y merendé una hamburguesa de pollo. Pero eso sí, con coca light. Terminé de masticar el último bocado. Caminé al departamento, me bañé, dormí la siesta y al despertar noté que era hora de cenar. Me vestí, me peiné, tomé mi libro (Conectados al vacío, de Sergio Sinay), mi libreta, un lápiz y salí. Cené en la esquina, en un bar divino, recordé mi día, leí un poco y me volví al depto;sola. Todo sola. Como siempre. Sola.
Hoy mi sobrina cumplió su primer día de vida y por supuesto, al mediodía me fui de mi trabajo para pasar la tarde con ella, su flamante padre (mi hermano) y su señora (mi amiga). Imagino que la experiencia de ser padres debe ser maravillosa, porque si siendo tan solo la tía siento esta emoción, ellos deben estar en las nubes. La tarde transcurrió tranquila. Hablamos casi en susurros. La gorda lloró, tomó teta, se durmió y nosotros comenzamos el mate sin variar el tono de voz. Tan tranquilo estaba todo que hasta había olvidado mi presagiado destino. Derepente se abre la puerta y una pareja con aspecto de incontenible felicidad entra en la habitación. Era el hermano de la estrenada mamá y su señora, quienes ajenos a todo lo que pasaba por mi cabeza, se acercaban a conocer a la beba. Si...por supuesto. Era una pareja joven. El tiene tan solo un año más que yo. Ella divina, no sé su edad, pero es preciosa. Alta, rubia, delgada. Modelo perfecta para lucir el vestido blanco con el que todas soñamos, aunque lo neguemos firmemente. En pocos meses más formalizarán su unión, ya hecha ante la ley, ahora frente al altar...
En fin, mi tarde de visita al sanatorio concluyó con un "el fin de semana los voy a visitar" (claro, qué otra cosa hacer no?. Sola y sin programa. Solo queda malcriar a la recién llegada). Decía...yo me despedía con esa frase y me despedían con otra..."bueno, vos producite bien, arreglate, hacete unos claritos y yo te presento a mi amigo". Plaff. Cachetada de revés. No solo se atrevía "ese", el cuñado de mi hermano, ese que está a punto de jurar respeto ante Dios, a insinuar que necesito que me presenten a alguien, síno que además me decía que debía mejorar mi aspecto. Aunque me reí, amagué a pegarle, me hice la ofendida, su postura no cambió. Sigue sosteniendo que para que su amigo se fije en mí tengo que arreglarme. Salí del sanatorio, tomé el subte, me bajé a un par de cuadras de casa, entré a un McDonald's y merendé una hamburguesa de pollo. Pero eso sí, con coca light. Terminé de masticar el último bocado. Caminé al departamento, me bañé, dormí la siesta y al despertar noté que era hora de cenar. Me vestí, me peiné, tomé mi libro (Conectados al vacío, de Sergio Sinay), mi libreta, un lápiz y salí. Cené en la esquina, en un bar divino, recordé mi día, leí un poco y me volví al depto;sola. Todo sola. Como siempre. Sola.
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